DECLARACIÓN POR LA LIBERTAD DE LOS PRESOS POLÍTICOS DE NICARAGUA

Reproducimos el pronunciamiento firmado por varias organizaciones a nivel internacional que hacen frente a la forma dictatorial de cómo se viene gobernando Nicaragua, y al mismo tiempo, la solidaridad expresa con l@s pres@s polític@s que son víctimas del régimen de Ortega.

Este texto está signado por organizaciones e individuos que hemos tenido fuertes vínculos con Nicaragua, algunos construidos durante los ochenta y otros más recientes. Nuestra solidaridad de ayer va de la mano con la indignación que hoy sentimos contra un gobierno dictatorial que dispara contra el pueblo en nombre de una revolución que ha sido traicionada.

Cada día somos más quienes tomamos conciencia de que el sandinismo histórico está en las antípodas del poder autocrático de un presidente que obscenamente utiliza el lenguaje, las consignas y hasta los cantos de una revolución extinguida, para manipular los sentimientos del pueblo y hacerle creer que la represión, las cientos de personas asesinadas, heridas, encarceladas y las miles de personas exiliadas, estudiantes, feministas, defensoras de derechos humanos…, son el camino para una vida mejor.

El último episodio de un régimen represivo que huye hacia adelante, son las elecciones del 7 de noviembre del 2021. Fraudulentas e intervenidas por el Gobierno y un Consejo Supremo Electoral subordinado, han dejado fuera de la competición a candidaturas y fuerzas políticas que podían discutirle la hegemonía a Daniel Ortega. La detención, el encarcelamiento y el exilio de candidatos y candidatas, además de la prohibición de varios partidos políticos, son la mejor prueba del aplastamiento de la democracia en Nicaragua en estos momentos.

La descomposición política del grupo de Daniel Ortega viene de lejos. Desde la tristemente célebre “piñata sandinista”, que significó la apropiación de bienes públicos por parte del círculo cercano de la pareja Ortega-Murillo luego de perder las elecciones presidenciales de 1990. Luego vino el acuerdo mafioso entre Daniel Ortega y el ex presidente Arnoldo Alemán, para garantizarle a éste último total impunidad por su escandalosa corrupción y de continuar con las reformas neoliberales, el partido de Alemán votaría una reforma a la Ley Electoral que facilitaría el triunfo del Danielismo, que no del sandinismo, en los comicios del 2006. El régimen Ortega-Murillo se estrenó a finales del 2007 llevando a la práctica la aprobación de un nuevo código penal que declara como delito todos los tipos de aborto, incluido el terapéutico y cuando peligra la vida de la madre. Ese fue el precio que pagó Ortega al cardenal Obando y Bravo para que no impidiera su acceso a la presidencia. Naturalmente, los movimientos de mujeres se lanzaron a la protesta y pasaron a ser objetivo prioritario de la represión del régimen.

Desde su investidura como presidente en enero de 2007, la represión del régimen ha sido sistemática y cada vez más amplia y radical, llegando al extremo de cometer delitos de lesa humanidad cuando reprimió a sangre y fuego la insurrección cívica de abril de 2018. Desde entonces, decenas de ONG han sido cerradas, tanto locales como extranjeras; han sido disueltas organizaciones que velan por los DDHH; las detenciones y encarcelamientos indiscriminados como método para sembrar el miedo se suman a la represión sobre figuras políticas y culturales relevantes; se premia la prevaricación de jueces y juezas, y se moviliza a milicias de gatillo fácil para frenar las legítimas protestas de la ciudadanía. Se cierran periódicos y emisoras de radio que ejercen la crítica; se impide la labor independiente del periodismo; se expulsa de las universidades a jóvenes activistas.

El régimen de Daniel Ortega ha tratado de justificar su política represiva responsabilizando al imperialismo yanqui por su intervencionismo, pero nada le hace mayor favor a ese intervencionismo que la eliminación de las más elementales libertades democráticas del pueblo nicaragüense.

Actualmente existen alrededor de 182 presas y presos políticos, algunos de ellos destacados ex combatientes en contra de la dictadura de Anastasio Somoza, que son juzgados de manera sumaria, sin tiempo suficiente para preparar su debida defensa ante acusaciones falsas y sufriendo las peores condiciones carcelarias. La monstruosidad de estos juicios no se diferencia en nada de los Procesos de Moscú, mediante los cuales el dictador José Stalin eliminó a toda la vieja guardia Bolchevique. Esperemos que ahora, a diferencia de esa época, la mayoría de la izquierda socialista del mundo no se quede callada o sea cómplice de las nuevas dictaduras y se sume a la lucha por la liberación de las y los presos políticos nicaragüenses y por el restablecimiento de las libertades democráticas en la tierra del General de “hombres y mujeres libres”, Augusto César Sandino.

A 21 de mayo de 2022

¡Libertad a los presos políticos de Nicaragua!

¡Abajo la tiranía de la familia Ortega-Murillo!